Mi maestro y el Rocio…


Después de unos días a tope de trabajo, en los que no he podido publicar nada, recupero un viejo escrito del armario.

Ahora que ya están de vuelta mis hermanos de ese camino del Rocío, que tantos años hice con ellos y como no, con mi maestro.


Como explicar el dolor, y un mundo de sensaciones.

Como volver al valor, recuperar la ilusión,

si a mi lado ya no va, el mejor de los mejores

Cada mirada un recuerdo

cada olor, cada momento,

cada paso, cada intento

por llegar solo a sentir,

lo que sintió mi maestro

cuando con voz y cintura,

con arte y temperamento,

domaba bueyes serreros

como acariciando el viento.

¡No los mires, dejalos!¡No se pega por delante!

¡Dejalos venir Andrés!¡Con ese paso, bastante!

Marinero, Caminante

Florío, Tabernero

Madroño, Confitero.

Daría hasta mi alma por volver a oir tu voz,

y por tenerte delante.

Detrás dos bueyes berrendos,

dos Cabreras pura sangre.

Y al lado tu Manolito,

tu guardián y tu estandarte.

Detrás tu niño, y tu Vito

cada uno en su carreta,

y alrededor un camino

que llorando esta tu ausencia.

¿Se puede tener mas arte?

¿Acaso existe una yunta

que tan solo se les iguale?

En la bulla tranquilitos, en carretera palante,

y en los caminos la fuerza de un vendaval desbordante.

De dos colosos tirando, de dos bellezas andantes.

Y un hierro sobre el costal, que a quien los viere dijera

que esos son unos Cabrera,

que mas decir, ya es bastante.

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